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Seguridad y democracia

La seguridad es definida como la cualidad que tienen los sujetos que están libres de amenazas o agresiones a su individualidad[1]. Este concepto ha sido uno de los elementos principales de los estudios internacionales, marcando la forma de actuar de gobiernos e instituciones políticas a lo largo de la historia. Aunque siempre ha estado presente, su relevancia como objeto de estudio aumentó sobre todo desde la concepción estado-nación como la entidad política principal del sistema internacional. En este contexto la seguridad es entendida como un instrumento de poder político que debe ser salvaguardado por aquella entidad que ejerce el control del estado, ya que hace referencia a la seguridad nacional. La seguridad en el ámbito político implica por tanto aquellas medidas adoptadas para dar respuesta a situaciones extraordinarias que no pueden ser solventadas por medidas políticas convencionales. Tradicionalmente el objeto de referencia de la seguridad ha sido el estado-nación, en concreto, sus elementos principales (territorio, población y soberanía). Como la principal causa de agresión provenía de otros estados, el concepto seguridad giraba en torno a evitar enfrentamientos militares directos.

Con el fin de la Guerra Fría, el debate sobre el concepto de seguridad se amplía puesto que se introducen nuevas perspectivas sobre la concepción del sistema internacional. Con el fin de la división entre este/oeste, las amenazas principales no provienen de otros actores del sistema, sino que se generan dentro de los propios estados. Esto permitió la inclusión de nuevas aproximaciones al término por medio de dos vías, la ampliación de contenidos (broadening) y la profundización en el término (deepening)[2]. En primer lugar, se aumentan las áreas donde el concepto de seguridad tiene cabida (broadening), incluyendo no solo la seguridad frente a amenazas militares, sino también ante pandemias o hambrunas. En segundo lugar, el objeto de referencia de la seguridad pasa de ser el estado-nación a poner el foco en el individuo o las colectividades (deeping), es decir, que lo que debe realmente ser protegido son las necesidades y condiciones de vida de las poblaciones, no tanto la integridad de los estados.

A través de esta nueva perspectiva surgieron toda una serie de corrientes que cambiaron la percepción de la seguridad moderna. Una de las más relevantes, desarrollada por Naciones Unidas, es la llamada Seguridad Humana. Este concepto, desarrollado en los años 90’, toma como elemento de referencia a los individuos y tiene como elemento central que cambia el foco de “freedom from fear” (estar libre de temor) a “freedom from want” (estar libre de necesidad)[3]. La relación entre los estados ha dejado de ser amenazante y por tanto las instituciones de seguridad ponen el foco en salvaguardar a la población de las necesidades que provocan que vivan en riesgo. La seguridad humana amplía a 7 las áreas que deben estar incluidas bajo el paraguas de la seguridad: seguridad económica, seguridad alimentaria, seguridad de la salud, seguridad del medio ambiente, seguridad personal, seguridad comunitaria y seguridad política.


Encuesta de Percepción de Riesgos del World Economic Forum Global 2017–2018

Naciones Unidas contempla en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) incluidos en la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible[4], todos los ámbitos planteados en el concepto de seguridad humana, y entre ellos destaca conseguir la paz, justicia e instituciones sólidas (objetivo 16). Entre las metas contempladas en este objetivo se encuentran, entre otros: 16.6 crear a todos los niveles instituciones eficaces y transparente que rindan cuentas, 16.7. garantizar la adopción en todos los niveles de decisiones inclusivas, participativas y representativas que respondan a las necesidades, 16.10. garantizar el acceso público a la información y proteger las libertades fundamentales de conformidad con las leyes y los acuerdos internacionales.

En la actualidad, han surgido toda una serie de problemas que amenazan la integridad democrática incluso en estados con un nivel democrático consolidado. De acuerdo al Informe de Riesgos Mundiales 2018 del Foro Económico Mundial[5], existen toda una serie de nuevas amenazas a nivel global que ponen en riesgo el correcto funcionamiento del sistema democrático. Entre ellos destacan tres amenazas relacionadas con las tecnologías de la información y la comunicación: los ciberataques, el fraude o robo de datos y la desinformación.

Según el informe de Riesgos Mundiales, los ciberataques son uno de los riesgos con mayor probabilidad de producirse (6/10 probabilidad), y con un nivel de impacto considerable (4/10 impacto). La capacidad desestabilizadora de este tipo de ataque ha sido comprobada en ocasiones anteriores (caso WannaCry). En un contexto cada vez más interconectado, las consecuencias derivadas de este tipo de ataques pueden ser incalculables, exponiendo a administraciones públicas y grandes empresas de sectores estratégicos.

En segundo lugar, encontramos el fraude o robo de datos (4/10 probabilidad), en un momento en el que los datos personales representan un valor en alza para fines diversos. Frente a esta amenaza, la UE ha desarrollado la Regulación sobre la Protección de Datos Personales, cuyo objetivo principal es asegurar la protección de los datos personales de los usuarios y que entró en vigor en mayo 2018.

Por último, la desinformación es uno de los problemas más relevantes del panorama democrático actual. Hoy en día la existe una enorme cantidad de información disponible a nuestro alcance gracias a la proliferación de las redes sociales y medios digitales. En un momento en el que podemos estar más informados que nunca, las conocidas como “noticias falsas”, provocan una visión distorsionada de la realidad social al proporcionar información sesgada o falsa.

En un momento en el que las tensiones entre estados están volviendo a resurgir, no debemos desviar la atención de los riesgos a los que se enfrentan las democracias actuales, y que ponen en peligro la seguridad tanto de los estados como del sistema internacional en su conjunto. Como ya se planteaba en la teoría de la paz democrática[6],los enfrentamientos armados son menos probables entre estados democráticos. Es necesario protegerse frente a las nuevas amenazas que pretenden desestabilizar sistemas democráticos en el contexto internacional.


[1] Gabriel Orozco, “El concepto de seguridad en la teoría de las relaciones internacionales. Revista CIDOB d’Afers Internacionals, num. 72

[2] Alan Collins (2015), Contemporary Security Studies, “Part 2. Deepening and Broadening Security”. Oxford University Press.

[3] Robert J. Hanlon and Kenneth Christie (2016), Freedom from Fear, Freedom from Want: An Introduction to Human Security. University of Toronto Press (Canada).

[4] Naciones Unidas, Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030, https://www.undp.org/content/undp/es/home/sustainable-development-goals.html

[5] World Economic Forum, The Global Risk Report 2018, 13th Edition http://www3.weforum.org/docs/WEF_GRR18_Report.pdf

[6] Democratic Peace Theory, Oxford University Press. http://www.oxfordbibliographies.com/view/document/obo-9780199756223/obo-9780199756223-0014.xml

Texto original tomado de minsait.com



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